otoño invierno 2014 2015

PFW: Chanel, Karl se pasa a la venta de conservas

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Tan solo Karl Lagerfeld podría haber convertido el Grand Palais en un supermercado. Eso sí, no en cualquier super sino en uno de “alta gama” en el que las latas de anchoas hacían juego con los colores de los paquetes de detergentes. En un alarde de poderosa imaginación, el kaiser pretendía demostrar que es tan único e innovador que adapta sus diseños de la casa Chanel al siglo XXI cambiando el tacón por zapatillas de deporte brillantes y los vaqueros por pitillos de tweed.

Con respecto al diseño diré que tanto los colores como los materiales siguen en la gama Chanel de siempre (obviando los zapatillas y las coletas tirantes con trozos de tela). Pero la idea de adaptarse a los nuevos tiempos no consiste en meter a 50 modelos en un supermercado ficticio. Eso no es adaptarse Karl, eso es decir: 1) las ricas y cools también van al super (vestidas de Chanel) y 2) chicas, quedaos en los supermercados que ese es vuestro lugar. ¿Dónde quedó la idea de la emancipación de la mujer de Gabrielle? Seguramente en un carrito de la compra, entre los pañales y la espuma de afeitar.

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NYFW: Milly

milly milly2 milly3 milly4 milly5 milly6 milly7 milly8 milly9 milly10 milly11 milly12 milly13Uno de los mejores desfiles si tenemos en cuenta su versatilidad y adaptación a la vida real alejada de flashes y papel satinado. Los tonos crema y grises, faldas de vuela, punto grueso y recogido sobrio recuerda al mundo del ballet. Un nuevo tipo de bailarina moderna con poco maquillaje y movimientos delicados.

MFW: Dolce & Gabbana, el cuento de Sicilia

dolce dolce2 dolce3 dolce4 dolce5 dolce6 dolce7 dolce8 dolce9 dolce10 dolce11 dolce12 dolce13 dolce14 dolce15 dolce16 dolce17En medio de un bosque siciliano , Caperucitas, cazadores y tiernos animales con el don del habla. Los desfiles de Dolce & Gabbana forman parte de ese selecto grupo de colecciones más aplaudidas y esperadas. Esta vez, el duo italiano dejó atrás Bizancio y el encaje negro de la mamma italiana para poder cerrar los ojos y sumergirse en el mundo medieval de los cuentos infantiles. Desde princesas hasta niñas extraviadas, todas vestidas con ricos bordados y abrigos de lana, el folklore parecía reclamar su lugar desde la pasarela. El dorado, negro y rojo volvieron a convertirse en los reyes de la colección, esta vez adaptados a una imagen más inocente. Quizá la nota discordante fue dada en la última salida de las modelos, con minivestidos bordados en tonos metálicos que recordaban más a una armadura gótica que al uniforme de Blancanieves.