clones

En defensa de la originalidad

copia

Quizás pretendo defender lo imposible en los tiempos que corren pero me gustaría dejar clara mi opinión con respecto a ciertas cosas bastante extendidas en el mundo de la moda. El tema de la originalidad existe desde que existe el concepto de autoría que empezó a usarse durante la Edad Moderna y, sobre todo, se extendió en el Romanticismo. Ahora mismo, desde que la sociedad de masas se ha impuesto como sociedad contemporánea, la originalidad está a punto de extinguirse. No pretendo ser apocalíptica pero todos estamos contribuyendo a destruirla, de un modo o de otro.

¿Cuántas veces hemos deseado la prenda de algún diseñador que por problemas de presupuesto no podemos adquirir? ¿Cuántas veces hemos acabado comprándola en Zara, sabiendo que no es más que una burda copia? Porque desde que existe la sociedad de masas existen los sucedáneo,  sustitutos de baja calidad creados solo con una función: que el pobre vista como el rico y que la diferencia entre ambos se estreche para que tengamos una apariencia de “sociedad del bienestar” inexistente. Porque aunque nos compremos la prenda que es una copia exacta de la prenda de autor, en el fondo sabemos que no es la prenda original, en el fondo sabemos que los demás lo saben y también en el fondo (quizá muy en el fondo) sabemos que no estamos actuando bien porque tiramos a la basura el trabajo que un diseñador ha tardado meses en desarrollar.

Convertimos la piel en plástico, la seda en poliéster, la lana en viscosa. ¿Para qué? Para vestir como las it-girls del momento, para ser como esa actriz, para tener la ropa de esa modelo, para sentir que somos como las chicas que salen en las revistas. Compramos copias de prendas pero lo más triste es que también compramos copias de gustos, de estilos y de personalidades. ¿Es culpa nuestra desear lo que otras llevan con tanto glamour? Quizá no del todo. Tengo que admitir que las revistas tienen gran parte de la culpa pero eso no quiere decir que nosotros debemos aplicar todo lo que dicen (despertemos el proceso de selección). También es verdad, que las tiendas (pongamos Inditex como ejemplo más claro) nos imponen esas tendencias. Quieres ir a renovar tu armario y solo te encuentras con copias de Stella McCartney, Wang, Burberry, Chanel o cualquier otra casa. Te quedan dos opciones: llevarte a casa la copia porque no te puedes permitir la original o irte con las manos vacías.

Pero, ¿dónde quiero llegar con esto? La situación es clara. Todos nos hemos dado cuenta aunque no queramos admitirlo. No está bien copiar, no está bien hacer lo mismo que una gran marca pero con otros materiales y con otros precios. No está bien porque la apropiación de una idea ajena nunca está bien. Más allá de la competencia de mercado, los clones son lo peor que le puede pasar a la industria de la moda. Sin embargo, lo más estremecedor es que los propios blogs de moda son los que contribuyen a esa situación. A veces es inevitable caer en la tentación de hacer un post con ese bolso que es exactamente igual que uno de marca pero que vale 20 euros en vez de 600. Pero hay que pararse a reflexionar un momento. ¿Enmarcaríamos una Mona Lisa falsa a la vista de todos? Una cosa es una reproducción, en papel o un póster,  otra cosa es un óleo pintado con apariencia de Mona Lisa pero que ni de cerca se parece a la obra maestra. Se pierde la esencia.

En vuestras manos está decidir si queréis seguir jugando a este juego que nosotros no elegimos pero en el que todos contribuimos a seguir su falsedad. A mi ya me da miedo entrar a Zara porque no soporto ponerme una prenda que parece de Balmain pero no lo es. Porque no me gustaría tener una obra falsa en mi casa y tampoco me gustaría tener una prenda clonada ocupando sitio en mi armario.

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